Prometí olvidarte en algún triste pueblucho del norte, prometí renunciar al dulce capricho de soñarte, prometí no volver a imaginar un mañana a tu lado, prometí no pensar en ti las tardes de otoño, los domingos de lluvia, los 18 de noviembre deshojados... prometí ignorar los latidos de este triste trapo que guardo en el pecho, prometí no recordar tu voz bailando entre las sabanas, prometí, prometí...
Y entre promesa que va y promesa que viene, prometí no prometer lo que a mi corazón concierne.
Porque él es así, tal y como lo eduqué: anarka y loco. Lo eduqué de manera que no atendiera a razones, que siempre siguiera su instinto, sus impulsos. Lo eduqué para que amara hasta doler, hasta morir de amor... hasta recordar que un corazón no puede ser educado
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viernes, 3 de diciembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Para empezar
Amor y desamor, esa eterna condición humana.
Canciones que te acompañan aquí y allá, donde quiera que estés.
Canciones que te entienden, que parecen adivinar que es lo que sientes, que logran expresar lo que tú eres incapaz de exteriorizar.
Y tal vez rías, o tal vez llores al toparte con cientos de recuerdos, con esas personas que bombardean tu mente en cada frase, personas presentes, pasadas, quizás futuras, personas al fin y al cabo, personas que permanecerán siempre en la memoria.
ÉL, y todas las cartas que le escribí y que jamás leerá.
Porque él me enseñó a amar, desde mi timidez, desde mi eterno miedo a amar, a ser amada, a sentirme frágil.
Y me enseñó que cuando se ama se ha de arriesgar, que jamás se debe juzgar.
Le amé con el único objetivo de amar, de probarme. Le entregué todo mi tiempo y dedicación y finalmente me enamoré...de verdad.
Pasó el tiempo y todo era perfecto, alguna riña estúpida de vez en cuando, pero aquello lo hacía aún más bello si cabe.
Una relación que con el paso del tiempo rozó la perfección y con la que poco a poco fui perdiendo ese miedo a decir "te quiero", a demostrarlo y a ejercerlo.
"Es mi príncipe azul, que a veces destiñe, pero eso es lo bonito".
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